Una visión crítica de la condición humana

Libélula. L.Orlando

Por Bene Pfeiffer

Dale a al ser humano algo en lo que creer y una causa justa por la que luchar. Hazle pensar que es el único en el que se deposita las últimas esperanzas. Hazle sentir cierta superioridad moral o ética en cuanto a su lucha y prométele que un mundo mejor estará esperándole a cambio de su fidelidad y su esfuerzo. Porque si lo consigues tienes en tus manos la herramienta para mover masas y fidelizarlas ciegamente a la causa que te venga en gana; da igual lo descabellada, infundamentada, injusta e irracional que sea. Un mundo tan falto de fe, tan sediento de causa y de algo a lo que echarle la culpa, es el blanco más fácil para cualquier mente capaz de hacer creer que tiene todas las respuestas y las soluciones que se necesitan. Porque un mundo así ya viene predispuesto a dar su vida a cambio de cualquier cosa que vuelva a darle un propósito a su existencia.

Esa técnica manipulativa de libro ya ha demostrado su eficacia a lo largo de la historia. Lo chocante quizá sea que, pese a la experiencia, aún nos dejemos seducir cuan ratas por la flauta mágica

Caemos en la trampa de quienes nos vienen convenciendo de que somos mejores y que debemos revelarnos contra todos aquellos que nos tratan injustamente o no comparten los mismos ideales que los nuestros. Nos dejamos convencer de que somos tan especiales que el mundo, el resto, muy bien podría estar equivocado. Y dejamos que esa idea avive nuestro ego y nutra nuestro propósito de lucha hasta tal punto que la ceguera que se apodera de nuestros ojos nos induce al delirio de ver virtud hasta en lo más bajo, siempre y cuando sirva a la causa y propósito que otros tan hábilmente nos han ofrecido en bandeja de plata.

No existen los salvadores con sonrisa de anuncio de pasta de dientes. Todos ellos son un holograma que se aprovecha del sinsentido de nuestra existencia que previamente ellos, o tantísimos más como ellos, se han cuidado de cultivar para luego venir con toda su labia y elocuencia a ofrecernos respuestas aparentemente desinteresadas, pero que bajo la fina superficie solo obran a su favor.

No es que hagan mucho por disimular sus intenciones. Nuestra predisposición a creer en ellos nos ciega lo suficiente como para negar hasta las barbaridades más grandes delante de nuestras narices.

No vayamos a pensar que esto es solo cosa de religiones y de sectas. Esa es otra trampa.
Los que acuden a nosotros para ofrecernos la felicidad que nos falta están en todas partes y viven de vendernos sus respuestas. Cierto es que algunos de ellos solo quieren que compremos sus manzanas, pero a niveles muy superiores están los peores: los que venden esperanzas enfermando a las masas y enfrentando a la gente entre sí. 
Se distinguen fácilmente porque vienen a divirdirnos de otros y a demonizarlos ante nosotros. Sus promesas y su salvación es exclusiva solo para sus seguidores. 
Los demás humanos son menos humanos y menos dignos. Ellos no merecen de lo que merecemos nosotros. Ellos son menos que nosotros. Nosotros seremos sus salvadores haciendo de verdugo.

Ya nos darán las gracias cuando haya rodado la última cabeza.
Todo sea por el bien de la causa mayor; nuestra causa.

Habríamos de preguntarnos qué clase de unión se supone que habría de salir de todos esos bandos compuestos por personas que se sienten más especiales y más en posesión de la verdad que el resto. Qué clase de amor, moral y fraternidad es esa, y si realmente ejercemos algo de ello permitiendo que otros nos lleven como borregos por donde quieren solo porque han sabido acariciar correctamente nuestro ego con sus finos guantes de seda y sus discursos de lágrimas en los ojos.

About Bene Pfeiffer

Bene Pfeiffer es una librepensadora danesa, crítica, inconformista y curiosa empedernida.