El dilema catalán

 

Por José Millán

Las distorsiones conceptuales de los principios de origen filosófico en la creación y sostenimiento del conocimiento aplicado a la consolidación de las estructuras sociales.

Nunca tan maravillosos conceptos han sido tan manipulados y degradados en función de un carácter canallesco y prohibitivo de concienciación universal, para el beneficio de unos pocos.

“El dialogo,” es un paradigma falso para justificar un camino solo, pero no para entenderse. Pues, el dialogo son las estructuras lingüísticas de entendimiento intelectual de gente que comunica. El dialogo como lo encauzan los separatistas tendría como fin falacioso de hacer creer una negociación de lo que ya está decidido. El dialogo, pues, serían las rubricas de los comités políticos hacia la voluntad del dirigente, como verdad aceptada para su consecución efectiva. Son los serviles de la corrupción legal encaminada a mantener los status quo de los aparatos políticos que solo sirven a unos pocos.

“La democracia,” como entelequia para hacer lo que queremos, bajo los falsos conceptos que es la voluntad de una mayoría elegida la que puede hacer sus desmanes autoritarios, olvidando que las funciones primordiales de la mayoría elegida son el cuidado y responsabilidad de las minorías, como elementos participantes y soporte que garantiza la libertad de todos. Como ejemplo ya lo vimos en Egipto donde una mayoría democrática elegida creyó entender que su rama de triunfo político daba autoridad a imponer lo que independientemente del concepto político, creyeron entender, que se debería extender a la comunión dogmática religiosa, como derecho a la voluntad mayoritaria; en un ejemplo perfecto de cómo no entender o asimilar las separaciones de estado e iglesias. Conceptos aun no entendidos en su progresión regional, ni en las funciones de compartir diversidad en sociedades donde los conceptos se desarrollaron como fundamentos de supervivencia social no impuestos por leyes sujetas a monoteísmos legales. Naturalmente el golpe de estado siguió a la cacofonía política egipcia. No se entendió la democracia, no se entendió la libertad fuera de los parámetros religiosos.

“El referéndum,” para justificar las pretensiones de unos pocos, no como el deseo de un pueblo; por eso se limita circunscribiéndolo a unos pocos dando el sentido de generalización de supuestos de voluntad general, como propaganda hacia los testigos ajenos y desconocedores de las ambiciones  burguesas de limitar sus responsabilidades fiscales hacia el estado de una nación de todos., pero, en este caso, restringido a la dirección ideológica más en semejanza con la imposición de una Sharia ahogando el consenso general, bajo imposición de amenazas coercitivas racistas y económicas punibles. Creando el complejo de Estocolmo entre aquellos que por debilidad moral no entienden su futuro, o entre timoratos incapaces de plantar cara. Las amenazas están ya conceptuadas por símbolos, eslogan, guirnaldas y gallardetes con fines restrictivos para desmoralizar la población en general, y conseguir sus propósitos.

“La libertad,” el concepto universal de capacidad humana de no estar sujetos a esclavitud. Usado como fin de dirección política hacia la esclavitud de otros en el tablado Catalán, como lo vemos en las permanentes definiciones racistas hacia aquellos que se consideran fuera de una doctrina ideológica, y regional de ascendencia familiar. La libertad tan maravillosamente ejercida, pero ya limitada a unos intereses, enajenando el libre albedrio, y mutilando la capacidad de enseñar, como principios para la liberación doctrinaria. Se propaga bajo los conceptos de “nosotros tenemos la verdad y vosotros estáis engañados” y para tal menester de propagar sus verdades se rompen con las normas académicas del empirismo del conocimiento histórico lineal. Nacen entonces, las doctrinas excluyentes en favor de unos pocos y punitivas a los segmentos sociales en los que se han sustentado históricamente para su existencia.

Y así estamos.

Author: José Millán

Periodista español afincado en Canadá