El bello riesgo de educar. De la emancipación

A partir de la lectura del libro de Gert J. Biesta “El bello riesgo de educar” y con el subtítulo de “cada acto educativo es singular y abierto a lo imprevisto”, quisiera detenerme especialmente en el capítulo 5 “Emancipación”, al que le doy una importancia crucial si extraemos verdaderamente las consecuencias que comporta el adquirir una real emancipación.

Para seguir este capítulo voy a tomar, como hace el autor, las referencias tan pertinentes del filósofo J. Rancière, que comienza con la cita de éste, toda una declaración de principios: “la igualdad ni se da, ni se reclama; se practica, se verifica”.

La primera consideración que hemos de hacernos es que pensar el concepto de emancipación supone el cuestionar nuestra propia actitud de sometimiento, pasividad respecto del poder que otorgamos, adjudicamos, a veces más inconsciente que conscientemente, a quien atribuimos y se atribuye este lugar de emancipador. Plantea pues una cuestión ya destacada por E. le Boètie (el amigo íntimo de Montaigne), que en su importante libro sobre “Las servidumbres voluntarias” nos llevaba a plantearnos que no hay mayor servidumbre que la que cada uno se impone a sí mismo.

El concepto de emancipación significa “renunciar a la propiedad” y en un sentido amplio renunciar a la autoridad sobre alguien, es decir, que la persona que se emancipa pierde su condición de objeto y se transforma en sujeto independiente y libre como resultado del acto de emancipación.

Hemos de ir a Kant en su ensayo “¿Qué es la Ilustración? Que la define como la “liberación del hombre de la tutela impuesta”. Esta definición nos confronta con la máxima kantiana del “sapere aude” del atreverse a saber, pero no un saber por mero afán de saber, sino un saber con este carácter emancipador que nos hacer salir del estado de minoría de edad, que no es tanto que nos venga dado por naturaleza, sino que inconscientemente hemos asumido, interiorizado, por una cierta cobardía y falta de coraje para salir de ese estado de inocencia o minoría de edad en que podemos vegetar toda una vida si no escapamos a la condición de “infans” ser sin palabra.

La pregunta que se hace Kant y que se conoce como la paradoja pedagógica: ¿Cómo cultivar la libertad mediante la coacción? No tiene una respuesta sencilla en lo que encierra de paradoja en el bascular de unas relaciones más directivas y asimétricas (como las que se entablan entre los padres y los hijos o un maestro con sus alumnos), a otras más simétricas e igualitarias. Pero este trasvase de la coacción a la libertad solo podrá darse en el caso de que la coacción aquí, en la frase de Kant, no la tomemos como imposición autoritaria sino como autoridad, es decir, ley a la que libremente nos sujetamos para acceder a la libertad.

Rancière caracteriza la emancipación como “escapar de una minoría” (de edad) y añade “nadie escapa de la minoría social salvo por su propio esfuerzo”. De este modo la emancipación constituye un proceso de subjetivación, (en este pasar de estar en una posición de objeto sometido a los designios del otro a cobrar plena conciencia de nuestra libre subjetividad que escapa a cualquier intento de identificación alienante). La identificación en palabras de Rancière siempre es “desidentificación, alejamiento de la naturalidad de un lugar”. La subjetivación “inscribe el nombre de un sujeto como diferente de cualquier parte identificada de la comunidad” con el “hacerse presente” de un modo que presupone una ruptura con el orden existente de las cosas. La subjetivación “redefine el campo de la experiencia que le ha dado a cada uno su identidad dentro de su grupo”.

En Rancière la idea de igualdad impregna todo lo referente a la política, la democracia y la emancipación. Lo más interesante en su posición es que no concibe la igualdad como algo que deba lograrse a través de la política. Tampoco la democracia por sí misma nos indica una situación en la que seamos todos iguales, ni es la emancipación el proceso mediante el cual pasemos de la desigualdad a la igualdad. En el caso de Rancière la igualdad “es una presunción, un axioma inicial, o no es nada”

En un sentido “convencional” la emancipación parte del supuesto de la desigualdad y considera la emancipación como el acto mediante el cual alguien se convierte en igual por una “intervención” actuada desde fuera. Rancière concibe la emancipación como algo que las personas hacen para sí mismas. No necesitan un tiempo de espera, de maduración objetiva hasta que se den las condiciones para ese acto. La emancipación en sentido propio es un tipo de “prueba de igualdad”, supone una inversión de la manera convencional de comprender la emancipación.

La autoemancipación” en este contexto como la denomina Rancière es por tanto una “autoafirmación como copartícipe en un mundo común”. Añade que el demostrar que uno tiene razón jamás ha obligado a otros a reconocer que estaban equivocados. Por ello el espacio de significado compartido no es un espacio de consenso sino de disensión y transgresión”.

En este sentido una emancipación real parte de la confrontación, de modos diversos de estar en el mundo y no cae en la “ilusión del consenso ”. Rancière concluye “El hombre democrático es por tanto un ser que habla, un ser poético, capaz de crear una distancia entre las palabras y las cosas que no es engaño, no es artimaña, sino humanidad”

Para finalizar Rancière argumenta que debemos empezar “aseverando la igualdad, dando por hecho la igualdad, trabajando desde la igualdad” porque de no empezar la casa por los cimientos empezaremos a construirla por el tejado y solo conseguirá perpetuar “una jeraquía de desigualdades y generará desigualdad indefinidamente”.

Por decir de modo muy condensado lo que tan bellamente creo que nos transmite Rancière sobre la emancipación. Diría que es el acto por el cual autoafirmamos de un modo radical nuestra singularidad subjetiva teniendo consecuencias éticas y estéticas en cuanto a vivir la vida de un modo más digno y poético.

About Javier Porro

F.Javier Porro San Miguel es psicólogo, participante activo en seminarios y actividades de la Escuela Lacaniana de Psicoanalisis (ELP)de Valencia. Actualmente ejerce como profesor en Ciclos Formativos en la especislidad de Educación Infantil. Ha publicado dos libros de poemas.