Libertad como pasión. Daniel Innerarity

 

La vida humana como aventura frente al automatismo de repetición.

Por Javier Porro

Tomando como eje de referencia algún fragmento del libro en el titulo citado arriba, de D. Innerarity y concretamente en su capítulo IV “Voluntad de aventura” nos habla en el mismo de la vida humana como una empresa en el sentido de aventura y juego, no en el negocio utilitario, cuando el homo oeconomicus, como señalara Nietzsche, se contrapone otro tipo vitalmente lujoso para quien vivir no es ganar sino regalar”.

Me parece interesante destacar esta dimensión de la aventura como una satisfacción lúdica, el no subordinar nuestros quehaceres a una finalidad de orden económico o cualquier otra instrumentalización ideológica, porque entonces estaremos degradando nuestra tarea ética en un quehacer colindante con lo serio, entendiendo aquí lo serio como aceptación acrítica de los prejuicios establecidos.

 

El valor de las palabras es inversamente proporcional a su repetición .

Para que esto sea así, hemos de procurar que “el decir” mantenga en lo posible su filo cortante sin dejarnos llevar por su acepción convencional y los lugares comunes que transportan las palabras encerrándonos en el estar dando vueltas siempre reiterándonos en lo mismo. Así la verdadera aventura se sustrae al voluntarismo activo y compulsivo como un intento de escapar de la monotonía, la uniformidad y la repetición banal.

Frente a la inercia y la repetición dejar que el gusto por la aventura penetre en todos los rincones de nuestra existencia, confiriendo un sentido incluso a lo más prosaicoLa aventura entendida como la adopción de una posición ética ante la existencia requiere un tiempo para que las distintas actividades que emprendemos adquieran esta doble orientación lúdica y ética, de manera que las interrelaciones que establecemos nos dejen un vivo sedimento, una huella, desde la cual afrontar los avatares más íntimos de nuestra existencia de un modo más crítico, creativo y poético.

El primer presupuesto de la voluntad de aventura estriba en negarse a creer que todo haya sido dicho, creado o pensado. Y en este sentido quisiera combatir contra la inercia y el conformismo…actitudes que declinan todas las variantes posibles de un idéntico lema: no hay nada que hacer

Si este lema arraiga en nuestro sentir más profundo, hay en el mismo momento una congelación del tiempo y tenemos la coartada perfecta para dejarnos llevar por la apatía, la abulia y el más puro derrotismo. En el callejón sin salida de la inercia, del conformismo, la voluntad de aventura es la que nos ha de situar en la real encrucijada de tener que elegir, decidir, lo que en terminología sartreana supone que existencia precede a la esencia, y que la libertad nos aboca a la angustia del tener que elucidar lo que sería una elección real y autentica.

El debilitamiento de nuestra voluntad de aventura se debe al intento de escamotear lo trágico de la existencia…y es que en el fondo, con toda decisión comienza una historia personal, se clausuran y se abren posibilidades, se asoma uno a lo nuevo, con toda la carga de emoción e incertidumbre que lo desconocido lleva consigo”

Esto en definitiva es lo que encierra la voluntad de aventura, elección o afirmación vital de la existencia, que intenta bordear pero no eludir lo trágico, ya que estamos inexorablemente confrontándonos a decisiones, (no podemos no elegir, sabemos que la pasividad, muchas veces, es también un modo de consentir por omisión) y por lo tanto la libertad como pasión supone un cierto coraje y lucidez para hacer frente a las presiones externa e internas sin claudicar ante la incertidumbre de lo desconocido, y haciendo del enigma que somos para nosotros mismos, el mejor motor para impulsar nuestras singulares posibilidades adormecidas.

¿Cuál es entonces el fundamento antropológico de la voluntad de aventura? La vida misma, es una aventura porque hay una inadecuación esencial de nuestra identidad, una tensión entre lo que somos y lo que deberíamos llegar a ser. En expresión de Ortega el hombre tiene medio cuerpo fuera de la realidad

Esta inadecuación esencial me parece muy importante para entender la fragilidad y la plasticidad de la constitución humana en su dimensión temporal, siempre en tensión dialéctica entre el devenir y la identidad. Lo que en el fondo nos hace humanos es el saber que nuestra identidad está asentada como en el ojo de un huracán que en el momento más insospechado puede despertar la lava incandescente, trastocandonos en nuestras creencias más profundas.

Lo que ocurre es que el hombre ha escapado de la fuerza de gravedad biológica y tiene que ingeniarse, biográficamente su propio argumento”

Esta distinción entre el estar determinados por la gravedad biológica o el tener que autodeterminarnos para dar a nuestra biografía un argumento propio es muy pertinente en relación a lo abordado de la libertad como pasión. En tal sentido “Kierkegaard hablaba de una angustia de la felicidad. Un futuro sin riesgos ni azares” es decir, una vida vivida sin aventura y sin el riesgo de la libertad es una vida en cierto modo desaprovechada, en la medida en que no habremos sabido dar a nuestra existencia lo más esencial, el júbilo y la alegría de inventar nuestra biografía para llegar a saber mejor quienes somos realmente. Dicho trabajo tiene una vertiente ética relativa al ser menos intransigentes con los otros y más autocríticos con nosotros mismos, y una dimensión estética referida a saber extraer una cierta creatividad poética en la vida cotidiana, la pasión por la libertad como mejor arma para enfrentar el mortal aburrimiento.

Acerca de Javier Porro

F.Javier Porro San Miguel es psicólogo, participante activo en seminarios y actividades de la Escuela Lacaniana de Psicoanalisis (ELP)de Valencia. Actualmente ejerce como profesor en Ciclos Formativos en la especislidad de Educación Infantil. Ha publicado dos libros de poemas.